El desarrollo comunitario y las capacidades

Las estrategias de reducción de la pobreza, desarrollo de capital social y ampliación de la democracia están interrelacionadas. Promover la inclusión y la mejora de las oportunidades de las poblaciones de bajos recursos en el desarrollo requiere promover la formación de organizaciones de estas poblaciones para que tengan voz en la solución de sus problemas y en la orientación de políticas públicas que afectan sus vidas. Esta participación social, a su vez, requiere del desarrollo de las capacidades individuales, organizacionales y comunitarias para que pueda funcionar.

Un enfoque de desarrollo comunitario que ponga en el centro de sus iniciativas el fortalecimiento de las capacidades y del capital social es entonces el que se requiere para lograr la mejora de oportunidades sociales de las poblaciones excluidas y de bajos ingresos a partir de su participación y el fortalecimiento de su voz en las decisiones que afectan sus propias vidas.

Detengámonos un momento en este concepto de capacidades y veamos los diferentes tipos involucrados en los procesos de desarrollo comunitario: las capacidades individuales, las organizacionales y las comunitarias.

Las capacidades individuales son aquellas que requieren las personas para desempeñarse adecuadamente en la sociedad, por ejemplo la capacidad de leer, escribir, comunicarse, reflexionar, pensar críticamente o hacer cálculos matemáticos.

Las capacidades de las organizaciones son capacidades colectivas necesarias para que la organización pueda tener un buen desempeño, por ejemplo, la capacidad de planear, gestionar evaluar proyectos y de aprender de los mismos; la capacidad de manejar adecuadamente presupuestos y sistemas de control administrativo de adaptarse continuamente a los cambios; o la de deliberar y concertar entre sus miembros los aspectos estratégicos y programáticos de la organización, por ejemplo.

Las capacidades comunitarias son también capacidades colectivas pero de conjuntos de organizaciones y líderes que les permiten trabajar de forma colaborativa, establecer planes de desarrollo local y gestionarlos colectivamente, formar alianzas y coaliciones, proponer e implementar agendas colectivas, concertar y deliberar en espacios públicos, acceder a recursos públicos y del sector privado e influir en políticas públicas. Las capacidades comunitarias son esenciales para participar en la vida pública y lograr mejores niveles de gobernabilidad.

La formación de capacidades, individuales, organizacionales y comunitarias, debe ser parte del apoyo de fundaciones y empresas, si lo que se busca con el desarrollo comunitario es contribuir de manera simultánea a la reducción de la pobreza, al fortalecimiento de la democracia y del capital social.

Unas organizaciones comunitarias capaces, con vínculos fuertes con otras organizaciones y activas en la deliberación de asuntos públicos, podrán expresar sus intereses y propuestas sobre los temas que afectan sus vidas a través de procesos democráticos.

La contribución del desarrollo comunitario a la reducción de la pobreza se da tanto por la participación directa de las organizaciones comunitarias en la solución de sus necesidades, como por la influencia que estas organizaciones pueden tener en la agenda pública para ubicar en ella sus problemas y las soluciones a los mismos.

Sin embargo, y a pesar de la importancia creciente en el discurso del desarrollo de temas como el capital social, el fortalecimiento institucional y el desarrollo de capacidades, no siempre las fundaciones o las empresas están dispuestas a financiar y apoyar proyectos que contengan dichos componentes. En no pocas ocasiones se considera que destinar recursos para el fortalecimiento institucional es un gasto y no una inversión pues se privilegian los resultados rápidos en materia de entrega o generación de productos, bienes y servicios "tangibles" a poblaciones de bajos recursos, en desmedro del fortalecimiento organizacional y de otros elementos más "intangibles" pero básicos del desarrollo comunitario.

Apoyar el fortalecimiento de las capacidades individuales, organizacionales y comunitarias pasa por entender que la inversión en capacidades no compite con los recursos para los programas y proyectos, sino que los fortalece, multiplica y los hace más eficientes. Las organizaciones efectivas y las comunidades organizadas son aquellas que cuentan con las capacidades necesarias para realizar sus proyectos. Estas organizaciones y comunidades con capacidades instaladas pueden diseñar y gestionar proyectos más efectivos que aquellas que carecen de ellas.

Si no se invierte en las capacidades se limitan las posibilidades de las organizaciones en la producción de resultados tangibles y pertinentes para sus comunidades, y se puede llegar al extremo de generar lo que Letts denomina "anorexia organizacional" (Letts, C; Ryan, W. y Grossman, A. 1999: 75). Esta anorexia organizacional es el resultado de una baja o nula inversión en el desarrollo organizacional y conduce a la dificultad en la implementación de los proyectos hacia los cuales se dirigen los recursos de fundaciones y empresas. Lo que supuestamente era una forma de obtener resultados rápidos, concretos y tangibles (privilegiar la inversión en los proyectos versus el desarrollo organizacional) podría llegar a ser una ilusión pasajera y una pérdida importante de tiempo y recursos en el mediano plazo.

Si se invierte en capacidades no sólo los recursos invertidos serán mejor utilizados en el proyecto específico sino que contribuirán a la sostenibilidad de las organizaciones y a que estas organizaciones sirvan mejor a la comunidad que atienden. Como dice Carvajalino:


"Las inversiones sociales que tienden a maximizar los retornos son aquellas que van encaminadas a desarrollar las capacidades de los receptores. Las intervenciones que dejan capacidades instaladas en un individuo, una familia, una comunidad o una sociedad son aquellas que logran mayores impactos de transformación, cuando se las compara con otras formas de intervención dirigidas a regalar o suministrar gratuitamente unos servicios, que tienden más a privilegiar el derecho a recibirlos, que al desarrollo de las capacidades para que se lo apropien de manera autónoma.

La formación de capacidades, sean individuales o colectivas, representan un mayor retorno en términos de inversión social por la simple razón de que generan valor para la sociedad en su conjunto. Esta generación de valor está representada en dos factores: por una parte en que genera externalidades positivas, esto es, beneficia a otros individuos más allá del recipiente directo de la ayuda; por otra parte, es sostenible en el tiempo una vez se retira o termina la ayuda.". (2007:5-6)