Desarrollo comunitario y capital social

La participación de los ciudadanos y especialmente de los tradicionalmente excluidos en la deliberación y las decisiones sobre los asuntos que afectan su vida requiere de transformaciones en el poder y cambios en los procesos de interacción y relacionamiento entre individuos, organizaciones, instituciones gubernamentales y empresas. En esta perspectiva, un elemento central para el desarrollo comunitario es el capital social. El capital social se refiere a las normas, actitudes de reciprocidad y confianza, que facilitan o dificultan los procesos de coordinación, colaboración y manejo de conflictos entre personas, organizaciones e instituciones (Grootaert, C.and Van Bastelaer, T. 2002: 123-125. Uphoff, N.. 2003: 123-125). El desarrollo de capital social es entonces parte inherente de los procesos de desarrollo comunitario en tanto facilita la coordinación, la solidaridad y la acción colectiva, contribuyendo así a un mejor aprovechamiento de las otras formas de capital.

El capital social se puede generar al interior de las organizaciones comunitarias y en la relación de estas con otras organizaciones y con instituciones públicas. Las organizaciones, en su interior, son micro-fuentes de capital social; son "centros de sentido y propósitos, donde las personas pueden comprometerse como ciudadanos libres de una sociedad democrática" (Senge, 1995, 521). Son escenarios básicos de formación de valores y conductas, construcción de visiones y objetivos comunes, definición de compromisos mutuos, colaboración, relaciones y vínculos. En las organizaciones se aprende a coproducir el futuro, a resolver conflictos, a generar poder de negociación, a movilizar recursos colectivamente, a encontrar soluciones a problemas comunes, a participar.

Existen varios tipos de capital social, los cuales se desarrollan con diferentes tipos de intervención y en niveles distintos. En el nivel micro, se aprende al interior de las organizaciones a tomar decisiones colectivas entre los miembros, a resolver conflictos, a negociar, a movilizar recursos colectivamente y a encontrar soluciones a problemas prioritarios para la organización. Cuando se crean fuertes vínculos horizontales entre los miembros de las organizaciones que comparten características similares, se consolidad el denominado «bonding social capital», o capital social de cohesión, y se contribuye a generar normas compartidas de reciprocidad y confianza, las cuales facilitan la cooperación y coordinación entre sus miembros. Este aprendizaje en pequeña escala es la base para acciones colectivas posteriores y para la coordinación de esfuerzos grupales en escalas mayores (Putnam, R. 2000:22 y. World Bank, 2001: 128-129)

En el nivel meso, el capital social que se requiere es de otro orden y se denomina en la literatura capital social puente o «bridging social capital». Este contribuye a generar confianza en el trabajo colaborativo entre grupos heterogéneos y permite el desarrollo de perspectivas más abiertas al exterior. Cuando los grupos sociales no tienen conexiones con grupos diferentes a ellos mismos, son incapaces de acceder a recursos al alcance de otros grupos más poderosos (Narayan, D. 2000: 151), así que en el caso de las comunidades pobres y de los grupos excluidos, el acceso a recursos inexistentes entre las propias comunidades se amplía de manera importante cuando existe este capital puente y se abren puertas para la creación de alianzas.

En el nivel macro, la participación de organizaciones de base en procesos amplios de concertación contribuye a la formación de instituciones públicas confiables e inclusivas que respondan a las demandas ciudadanas. La dinámica de ese tipo de instituciones requiere de la participación de un amplio sistema de actores donde están las bases (grassroots) pero también las elites (grasstops) participando en el ejercicio democrático de su creación y control. (De Souza Briggs, Xavier. 2000: 4). Esa dinámica a su vez pasa por crear vínculos verticales o «linking social capital» entre organizaciones sociales e instituciones con relaciones asimétricas de poder (World Bank. 2001: 128).

El capital social, al facilitar la coordinación, la solidaridad y la acción colectiva, contribuye a un mejor aprovechamiento de las otras formas de capital. No reemplaza la necesidad de inversión en otras formas de capital (físico, humano, ambiental), pero sí la complementa, al facilitar y potenciar el trabajo coordinado y la confianza entre los actores involucrados en proyectos colectivos. Como bien lo señala Putnam: "las estrategias que ignoran el valor de las redes sociales podrían ser menos efectivas en la tarea inmediata, menos sostenibles en el largo plazo, y menos fructíferas en un sentido amplio" (Putnam, R. and Feldstein, L. 2003: 270).