Desarrollo comunitario y democracia 1

La participación de las comunidades en la identificación y selección de alternativas sobre temas que afectan sus vidas está íntimamente relacionado con la profundización de la democracia. El fortalecimiento de la voz y poder de las poblaciones de bajos recursos a través de sus organizaciones, para que puedan tener un papel activo y protagónico en la deliberación pública, es una forma de profundizar la democracia. El buen funcionamiento de la democracia requiere ciudadanos que reconozcan sus derechos y obligaciones, que sean libres y con capacidad para deliberar, elegir, participar y pedir cuentas a sus gobernantes. El desarrollo comunitario centrado en la construcción de capacidades facilita este proceso y se convierte en una estrategia de construcción de ciudadanía.

La participación democrática de las "voces de los pobres" en los Espacios Públicos de Concertación (EPCL) donde se decide, se hace seguimiento o se controlan programas, planes e iniciativas públicas para un territorio, contribuye a fortalecer la vida asociativa y a democratizar el poder local.

La participación de organizaciones de base en estos procesos de concertación amplios es prerrequisito y condición de posibilidad para la formación de instituciones democráticas, públicas, confiables e inclusivas, en tanto la participación de las "voces de los pobres" contribuye para que:


  1. Los problemas relacionados con la pobreza y la exclusión entren en la agenda pública.
  2. Se garantice la participación de los afectados en el diseño de las soluciones.
  3. Se distribuyan los recursos públicos de forma más equitativa.

Promover y fomentar una desarrollo comunitario y un ambiente institucional y social favorable para el desarrollo de la acción colectiva de los ciudadanos pobres y excluidos, contribuirá a profundizar la democracia, la legitimidad y eficacia de las instituciones públicas y a ampliar las oportunidades para que los excluidos puedan expresar sus preferencias y participar en las decisiones que afectan sus vidas (Warren, 2001: 2–16; Abers, 2000: 5 – 8). Unas instituciones públicas abiertas a la participación equitativa de las organizaciones de base contribuyen a generar confianza en la acción colectiva pública, a cualificar y ampliar las formas de participación social y a desarrollar formas de gobernabilidad democrática (Abers, 2000: 149-151).

Esta participación activa de poblaciones de bajos ingresos y tradicionalmente excluidas en la deliberación y decisión pública pasa por transformar relaciones de poder local, lo cual representa un gran desafío para los actores locales que quieren promover o profundizar la democracia. Dadas las asimetrías de información, poder y capacidad existentes, se requiere promover procesos que ayuden a equilibrar el campo de acción y transformar las relaciones de poder. Esto involucra el potenciar capacidades de las organizaciones, fortalecer nuevos tipos de liderazgos, desarrollar proyectos que amplíen el acceso y utilización de información relevante para procesos locales concertados, así como promover rediseños institucionales que faciliten la participación ciudadana especialmente de las poblaciones más vulnerables. Los incentivos para el desarrollo de estrategias de empoderamiento de sectores tradicionalmente excluidos pueden ser reforzadas cuando existen espacios de deliberación y concertación pública, así como alianzas con actores gubernamentales y empresariales que les permiten a los ciudadanos pobres ser parte activa de la búsqueda de soluciones colectivas a sus problemas y necesidades (Daubón, 2001; Daubón and Saunders, 2002: 176 – 191).

1 Los planteamientos que se hacen a continuación se retoman del trabajo de investigación Bebbington, Anthony; Delamaza, Gonzalo, Villar, Rodrigo. El desarrollo de base y los espacios públicos de concertación local en América Latina. Debate Agrario.. Centro Peruano de Estudios Sociales (CEPES). Perú. 2006