Del paradigma tradicional de la filantropía a la
inversión social centrada en capacidades

A pesar del creciente involucramiento de empresas y fundaciones en el desarrollo comunitario y de la importancia que le están dando al fortalecimiento de las capacidades comunitarias, hay un gran trecho por recorrer pues aún persiste lo que podríamos llamar el paradigma de la filantropía tradicional basada en el dar: dar dinero, dar comida, dar servicio.

Este un paradigma arraigado en el mundo fundacional que prefiere trabajar para las poblaciones de bajos recursos más que con ellas, entregar directamente bienes y servicios para satisfacer las necesidades establecidas por externos, en lugar de promover la participación activa de las comunidades en la identificación de sus desafíos, retos y soluciones. Algunas fundaciones continúan haciendo donaciones a comunidades de una forma asistencial, sin dejar instaladas capacidades en las personas, organizaciones o comunidades que reciben los recursos. Otras fundaciones buscan desarrollar programas y proyectos para las comunidades sin consultar su pertinencia y sin permitir el control de las iniciativas por parte de la misma comunidad.

Cuando el acto de solidaridad se basa en dar, se producen dos efectos: se genera dependencia en el que recibe, y se genera paternalismo en el que da. La consecuencia evidente de este paradigma de la filantropía tradicional es que conduce necesariamente a la inmovilidad: nada cambia, todo sigue igual; año tras año el que da y el que recibe siguen siendo los mismos y la distancia entre ambos no se acorta; dar bajo el paradigma tradicional es condenar al pobre a su pobreza. (Carvajalino, G. 2007:12)

El paradigma alternativo se basa en la posibilidad de transformar a partir de fortalecer capacidades: más que dar, de lo que se trata es de participar. Este paradigma no excluye el acto de dar de lo que se tiene, pero si privilegia la generación de las condiciones individuales, organizacionales y comunitarias para la participación. Las fundaciones que le apuestan al fortalecimiento de las capacidades comunitarias tienen una aproximación más activa, solidaria y cercana con sus socios. "Cuando hay participación, cuando se resuelven los problemas hombro a hombro, aportando cada quien lo que conoce, lo que mejor sabe hacer, se genera en ambas partes dos condiciones esenciales para el cambio: responsabilidad y compromiso. En esencia, lo que se logra es promover una gestión transformadora de lo social, de tal manera que se logra un cambio efectivo y sostenible." (Carvajalino, G. 2007:12-13)

Antes de analizar las opciones es importante revisar brevemente cómo el desarrollo comunitario orientado al fortalecimiento de capacidades contribuye de manera simultánea y complementaria a tener un impacto en la reducción de la pobreza, la profundización de la democracia y el fortalecimiento del capital social. En las secciones siguientes, por razones analíticas trataremos separadamente cada uno de los temas y al final analizaremos la relación entre los mismos. El primer tema se refiera a la relación entre desarrollo comunitario y pobreza, el segundo a la relación entre desarrollo comunitario y democracia y el tercero a la relación entre desarrollo comunitario y capital social. Por último, veremos el tipo de capacidades necesarias en el desarrollo comunitario y la forma cómo estas capacidades contribuyen a la reducción de la pobreza, la ampliación de la democracia y el fortalecimiento del capital social.